Lo que diferencia el artista del hombre común no es nunca, aunque así se diga, el talento. Es la insolencia. El arte no es más en la manera y menos en el estilo. Está en la disposición. Es artista todo el que llega a transgredir el orden establecido.

"El arte es el adversario mortal de la libertad", dice Lennep. De ahí la necesidad de reestablecer barreras, de erigir obstáculos saludables, de dirigir toda objeción a tal apetito de libertad, que anima (que extenúa) al hombre moderno.

Cuando no encuentra sus restricciones fuera, el artista las busca en su interior. Se sumerge en su propia oscuridad para encontrar la lumbre y llevarla a la superficie.

No obstante, es un laberinto que evoca el mito de Icaro que, al escapar de uno, acabó por quemarse las alas al sol. El laberinto expresa el viaje del alma a través de las tinieblas, en búsqueda de la luz. Esta búsqueda procede de la creatividad, porque todo conocimiento humano procede del arte. Toda habilidad procede de la capacidad artística del ser humano, es decir, de ser activo creativamente. "Todo ser humano es un artista" manifestaba Beuys.

El proceso de creación, dependiendo del individuo, necesita una coartada, un motivo, un hilo conductor, un hilo de Ariadna. Las fuentes de inspiración son infinitas, todo depende de la disposición de cada uno frente a este mundo.

Mi padre, hombre de mundo, cada vez que vuelve de uno de sus viajes, suele traerme un libro donde siempre escribe una reflexión, un texto o una pequeña dedicatoria en la primera página.

En aquel 11 de septiembre, se encontraba muy cerca de los eventos que marcaron el mundo entero. Por suerte, volvió sano y salvo. En la primera página del libro que me trajo aquella vez, leí unas palabras que atestiguaban la extrema fragilidad de la vida del ser humano en este mundo, y terminaba con un recuerdo personal suyo que le llevó, en otros tiempos, cerca de Tennessee Williams y le preguntó: "¿Cuál es el deber de un escritor en estos tiempos difíciles?"; el señor Williams le respondió: "Escribir".

En conclusión, me escribe mi padre: "cumple lo que te has prometido cumplir, éste es tu deber frente al pavor de nuestra existencia".

Yo pinto

Mi obra se constituye por dos miradas paralelas, plasmadas en varias series aparentemente independientes, pero que percibidas juntas forman dos entidades complementarias.

La primera ofrece una mirada subjetiva hacia fuera, de carácter sociológico, inspirada en la observación y constatación del decline de nuestro entorno social y medioambiental, donde el uso dela inmediatez de la fotografía, el peso material de la pintura y el contraste estampado del gravado, reflejan la crudeza del paisaje actual, sin dejarse caer en el catastrofismo, destacando así, su grandiosidad y belleza, llevando al espectador a la confrontación con sus propios sentimientos, frente la tragedia de los hechos y el deleite estético de la imagen.

La segunda entidad, gira su mirada hacia dentro. Se trata de un espacio personal, casi privado pero no desproveído de un cierto distanciamiento. Resuenan en mi mente la palabras de Samuel Becket, en detritus : “...os contare una historia, no seré yo...” En este espacio, las obras tienden a una poética visual. Aquí la “poesía” extrae su sentido de la raíz etimológica del verbo griego “πoιω” que significa “hacer”.
El tema principal es entonces, “la praxis”, la acción en sí, la necesidad de la creación artística, puertas a dentro. El artista en su taller.
En la búsqueda del acto creativo, una de mis referencias más destacables es el Teatro y sus condiciones. Esas dichas condiciones son igualmente validas tanto para un actor como para cualquier artista a la hora de crear, convirtiendo así el taller en un escenario, donde el pintor se transforma en actor y director de su obra, creando su propio mundo. En él, el tiempo y el espacio obedecen a otras leyes y la mayor valúa la tiene la propia creación, la poesía, como vehículo para la exploración y el estudio de sí mismo, hacia una posibilidad de salvación.